El escenario ecológico en el que se desarrolla la historia de la garrapata.
El cambio climático y el cambio en el uso del suelo están modificando los lugares donde pueden sobrevivir las garrapatas y sus huéspedes. Los inviernos más cálidos, los veranos más largos y el incremento de la humedad prolongan la actividad de las garrapatas y permiten que tanto las especies invasoras como las locales se desplacen hacia el norte, hacia las zonas altas y hacia nuevos hábitats.
Las migraciones de fauna silvestre, el transporte de ganado, las mascotas alrededor de los campos y las personas que practican senderismo o se trasladan a otros lugares contribuyen a la propagación de las garrapatas por el territorio. Los ecosistemas saludables y biodiversos regulan las poblaciones de garrapatas a través de depredadores, competidores y comunidades de huéspedes equilibradas, lo que ayuda a reducir el riesgo de enfermedades y orienta las medidas que protegen tanto la salud pública como la naturaleza.
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